HISTORIA DE HUÉRCANOS

 

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El origen de Huércanos es incierto, si bien podemos afirmar que en su término municipal han aparecido asentamientos y restos desde el Neolítico hasta la época del Imperio Romano. Los historiadores y filólogos opinan que su nombre tiene un origen pre-romano; Menéndez Pidal dice que deriva de orca, palabra usada por los íberos y que significa cavidad o vasija; Emilio Alarcos Llorach tiene la misma opinión; y Yungfer lo supone formado sobre el nombre propio godo Horico, Horco.

La primera mención documental data del año 944, cuando el obispo Tudimiro compró a un tal Bellita varias tierras en Horcanos. El 14 de julio del 972 los reyes Sancho II y su esposa Urraca ofrecieron al monasterio de San Millán la villa de Huércanos y sus términos. Desde esta época hasta el siglo XIX aparecen unos señores como beneficiarios del señorío de Huércanos (derecho de martiniega): Diego Jiménez, señor de los Cameros, cambia al rey Alfonso VIII de Castilla varios castillos por las villas de Maqueda, Arlanzón, Bozigas, Huércanos y Orogola. Recayó posteriormente en Juana Alfonso de Montemayor, que el 9 de marzo de 1406 lo transfiere a Diego López de Zúñiga. A partir de ahora se suceden los “señores”: Jerónimo de Vizcaya (1484); Alonso Martínez de Nájera (1494), que junto a su esposa María de Ariz fundó en 1503 un mayorazgo, disfrutado por sus descendientes. Sin duda, el Concejo contribuyó durante muchos años con el oneroso impuesto de la martiniega; pero, tras muchos pleitos con los Martínez de Ariz, dejo de pagarlo hacia finales del siglo XVII. A pesar de ello este linaje conservó en Huércanos unas buenas propiedades hasta el siglo XIX, junto con el deseo ilusorio de ser reconocidos como “señores” del pueblo.

No obstante, la jurisdicción civil y criminal depende de Nájera, ya que aparece como integrante de su territorio en el fuero de Sancho III “El Mayor” (siglo XI). Será Diego López de Zúñiga quien exponga a Juan II los perjuicios de esta encomienda, concediendo el soberano la separación de la ciudad por privilegio real de 14 de julio de 1443; confirmado por su hijo Enrique IV el 24 de mayo de 1459; por los Reyes Católicos el 3 de marzo de 1492; y, finalmente, por Felipe IV el 20 de marzo de 1658. A pesar de todo ello el duque de Nájera intentó sujetar a su influencia el gobierno de Huércanos, sufriendo nuestra villa muchos avatares y pleitos, acabados con la carta real de 1658.

Los vecinos de Huércanos se levantaron contra la coronación de Carlos I y la oposición de los comuneros. El Duque de Nájera fue el encargado de sofocar la rebelión contra el Rey. Posteriormente Carlos I le otorgó el título de villa y los símbolos de su blasón.

A finales del siglo XVI la villa sufrió la peste, en la que perecieron centenares de personas. A raíz de este acontecimiento se creó la Cofradía de San Pantaleón, santo médico a quien dedicaron la ermita.

Se le hace referencia en un acta matrimonial entre Íñigo Ortiz de Zúñiga y Juana, hija bastarda del rey Carlos III, de 8 de marzo de 1396, en la que el padre del novio dotó a su hijo con diversas localidades, entre ellas Baños de Rioja, Bobadilla, Clavijo y Huércanos.